Todo tiene un antecedente.
Hace
años, en un taller de fotografía para servicio al público se utilizaban
cámaras mécanicas especiales y películas de relevado llamadas negativos, que
eran la base en un proceso de revelado que se empleaba para obtener,
finalmente, las fotos impresas sobre un papel especial, denominado
fotografico, mediante un tratamiento químico especial. Este proceso aún
se usa, sobre todo por los fotógrafos profesionales, pero cada vez con
menor frecuencia.
En
la actualidad, en muchos de estos talleres se emplean cámaras digitales
y procesos computarizados para el retoque y la impresión de las
fotografías. A medida que mejora la capacidad de los dispositivos
electrónicos que intervienen en el proceso, la calidad de las
fotografías ( determinada por la cantidad de puntos distintos que se
imprimen en la superficie de papel) se ha incrementado y lo seguirá
haciendo.
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